Destroyer es uno de los álbumes más icónicos de Kiss y marcó un antes y un después en la carrera de la banda.
Lanzado en 1976, el disco muestra una evolución en su sonido, incorporando arreglos más elaborados, coros, efectos y una producción más ambiciosa a cargo de Bob Ezrin.
Con una mezcla de hard rock y elementos teatrales, el álbum consolidó la imagen y el impacto comercial del grupo, convirtiéndose en un clásico del rock de los 70.


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